Como he descrito anteriormente, mi proceso de rehabilitación ha estado lejos de ser lineal. Ha estado marcado por altibajos, pequeñas victorias y períodos de duda. Recientemente, me encontré de nuevo en una situación en la que el cuerpo comenzó a reaccionar negativamente, y temía una recaída más grave.
Comencé a preguntarme si mi anterior reacción al estrés se había curado adecuadamente, y la incertidumbre sobre lo que estaba sucediendo comenzó a ocupar más espacio mental.
Para obtener claridad y evitar que las preocupaciones se descontrolaran, decidí, en colaboración con un médico de Team Danmark, realizarme una exploración. Esto me proporcionaría una imagen más objetiva de la situación, y con suerte, paz mental.
El punto de inflexión
Afortunadamente, la exploración mostró que la lesión había sanado muy bien y que no había signos de una nueva lesión o recaída real.
El resultado fue un punto de inflexión mental. No solo porque era una buena noticia, sino porque desde ese momento pude dejar de lado el miedo y centrarme en soluciones y próximos pasos.
Es interesante lo clara que se volvió para mí la conexión entre cuerpo y mente: cuando los pensamientos encontraron paz, el cuerpo casi inmediatamente comenzó a sentirse mejor, tanto físicamente como en el entrenamiento.
Reacción y adaptación
Con una base más clara, me puse a analizar qué podría haber causado los síntomas y tensiones que había experimentado.
En colaboración con el médico de Team Danmark, llegué a la conclusión de que el ciclismo, especialmente las sesiones duras e intensivas, probablemente había sido una carga demasiado fuerte para los muslos. Se hizo evidente para mí que aquí era donde debía cambiar mi enfoque.
Por lo tanto, decidimos eliminar por completo el ciclismo y reemplazarlo con aquajogging y carrera al aire libre. Además, intensifiqué con tranquilidad el tratamiento de los muslos y liberé las tensiones que me habían molestado durante más tiempo.
Al mismo tiempo, di un paso atrás en el plan de entrenamiento y cambié mi enfoque. Reduje tanto la cantidad como la intensidad, y volví a un enfoque más simple: solo correr. Sin presión. Sin perseguir forma o tiempos. Y este enfoque ha demostrado funcionar realmente bien.
El rápido y claro progreso, tanto físico como mental, fue un recordatorio poderoso de que en algunas situaciones "menos es más", especialmente cuando el cuerpo ha estado bajo presión. Atreverse a soltar temporalmente y permitirse descansar y reconstruir es ahora una inversión necesaria en el largo plazo.
Mi proceso aún está en marcha, y no he llegado a la meta todavía ni he vuelto al volumen normal de entrenamiento. Pero por primera vez en mucho tiempo, siento que el cuerpo es fuerte, estable, y que hay luz al final del túnel. Hay nuevamente paz en los pensamientos y dirección en el entrenamiento, y con eso viene también la alegría y los pensamientos positivos.
Todo irá bien y los objetivos del verano son realistas.
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